lunes, 30 de agosto de 2010

Desahogos ocasionales

Once y cinco de la noche y aún no llegaba, el encuentro estaba pautado para las nueve y cuarenta... mis manos sobre la mesa con mis uñas haciendo toques acelerados era lo único que se escuchaba en la casa...

Yo vestía una diminuta ropa interior de color rojo especialmente para el, mis uñas rompiéndose entre mis dientes, el corazón latiendo rápidamente, mi piel sudorosa y mi cuerpo esperando ser devorado aquella noche, era lo único que quedaba...

Lo llamé y me dijo que estaba en camino, que se masturbo la noche anterior pensando en mi; eso me puso como loca, y antes de colgarle solo le dije: - Amor, llega pronto a la casa o me voy a quemar de tan excitada que estoy!...

Luego de eso pasaron quince minutos más... corrí al cuarto, ya no aguantaba más, mis manos recorrían mi piel de arriba a abajo una y otra vez... mis pechos al aire con la ilusión de ser probados, mi boca seca de tanto imaginar y suspirar, por dentro ardía en llamas y él nada de llegar...

Desde que me tiré a la cama mis manos se fueron solas dentro de mi prenda roja, mis dedos se movían aceleradamente dentro de mi, como si fuesen peces y buscaran agua para no morir, y la encontraron... luego de tan arduo trabajo mis dedos salieron bañados en placer, cada segundo lo disfruté...

En eso llego el y le dije: - Lo siento amor, pasaron muchas horas y yo ya me controlé, buenas noches!

2 comentarios:

Yselan Lupo dijo...

El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma.

Josenismer dijo...

Lolz... Asi voy a hacer yo... jajajaja!

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